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Trump, Bolsonaro y Ortega

Días después que Jair Bolsonaro se impusiera cómodamente en la primera vuelta de las elecciones en Brasil, nos vemos con Freddy Quezada, investigador y sociólogo, para conversar sobre el contexto global, el auge de figuras políticas polémicas como Bolsonaro y la crisis en Nicaragua.

Quezada ejercía la docencia en distintas carreras de humanidades y ciencias sociales de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, lugar de alta tensión luego de la toma estudiantil en mayo y por los dramáticos sucesos del 14 de julio en la Iglesia La Misericordia. Su posición frente a lo que se vivía en esos momentos fue de apoyo al estudiantado en rebeldía.

Le intento explicar que ésta no es una entrevista, no tengo una lista de preguntas preparadas, me interesa más bien es  discutir ciertos temas. “Donal Trump, Bolsonaro, Ortega…”, le digo. La mesera del café se acerca a saludarlo y le anota su orden.  

-“(…) hacés varias preguntas en una sola y eso a mí me paraliza. Dame primero tiempo de respirar y esperar el café y después ir separando una cosa a la vez (…)”, me responde.  

Donald Trump

El auge de Donald Trump ha sido la primera bomba en reventar, pero su poder fue suficiente para propagar con rapidez en los 5 continentes, la idea del nacionalismo como razón de la política. Un showman, con provocaciones constantes, bravuconadas, burlas, mentiras, Trump impuso un nuevo relato a partir de su ataque a las comunidades minoritarias. El neoyorquino fijó su mira en el desgaste de la tradición liberal de Estados Unidos, con dos períodos del gobierno dirigido por Barack Obama.

Para interpretar este fenómeno, Quezada propone discutir sobre el libro más reciente del filósofo norteamericano Ken Wilber, titulado “Trump y el mundo de la posverdad”. En su obra Wilber hace una crítica al que considera “posmodernismo elitista” de las vanguardias de izquierda y su idea de lo políticamente correcto como horizonte social y cultural. “Muchos sectores se estaban sintiendo oprimidos” bajo este discurso, me dice Quezada.

El texto de Wilber también expone que la desaparición de ciertas formas de trabajo tradicional, por el proceso “tecnoeconómico” del capitalismo, ha ampliado el descontento e la incertidumbre entre grandes sectores de la población que ven acechados sus puestos de trabajo por los migrantes.

Tanto Wilber como Quezada creen que los grupos que no están de acuerdo con el discurso desarrollado desde los colectivos LGTBIQ, Migrantes, Afroamericanos, Feministas, Ecologistas vieron una oportunidad en el discurso xenófobo, machista y capitalista que ofrecía Trump.

Muchos sintieron asombro cuando el candidato republicano se paseaba con placer interrumpiendo e insultando a sus oponentes, que asustados no sabían qué hacer, ni cómo responder dentro de un escenario no “politicamente correcto”. Para Wilber el ahora presidente, “ni siquiera se empeña en esconderlo: miente abiertamente sin ningún tipo de cuidado” y el mantenerse en esos márgenes, al contrario de lo que creyeron sus adversarios, le dio vida y mostró el funcionamiento político de su estrategia.

Quezada explica que este fenómeno de avance de movimientos nacionalistas en todos los continentes, se debe, en parte, a la crisis de dos supuestos filosóficos: 1) El Reino del Receptor y 2) El Reino de la Diferencia.

El Reino del Receptor

La campaña en las redes sociales del equipo de Trump y la asesoría de la compañía Cambridge Analytica, estaba basada en ganar ciertos estados, no la totalidad de la elección. Con los 50 millones de datos robados de perfiles en Facebook lograron diseccionar las emociones de cada uno de esos votantes a su favor, algo que para ese entonces solo estaba permitido hacer al mercado. La apuesta fue por una campaña agresiva y desinformativa.

Según Wilber durante este proceso  “La experiencia online en su totalidad colapsó. Pasó de ser unidad, expansión, abierta por naturaleza y con integración mundial, a una de impulsos etnocéntricos, malvados, separatistas y herméticos. Y esto transitaba 24/7 en nuestros smartphones. “El norteamericano expone que el ‘colapso’ de esa ‘integración mundial’ se debió a la doble moral, el individualismo y el narcisismo cultivado desde las redes.

Para Quezada los grandes medios ya “no cuenta ni con el poder, ni con las facultades de antes” porque la multiplicidad de receptores (usuarios de las redes) hace que “los mensajes nunca sean únicos, se fraccionen”, exploten, cambien constantemente.

“Las redes son un terreno adulterado” donde “nada es real”.

Por eso, aún cuando los enemigos de Trump ocuparon las grandes cadenas de medios con alto prestigio nacional e internacional y durante toda la campaña expusieron investigaciones sobre negocio ilegales, la alianza con Rusia y ciertos escándalos sexuales, no pudieron frenar su victoria.

Como se observa en el desarrollo de los sucesos, el republicano no triunfa por la veracidad de la información, sino por cómo el usuario-receptor interpretó esa información. A este sentido de interpretación que le da el usuario, Quezada llama: “Reino del Receptor”.

El Reino de la diferencia

Para el profesor el paradigma de la diferencia se funda en que “todos y todas tienen derechos”, pero la idea de justicia sobre esos derechos “necesita declarar a alguien o algo en contradicción” y ésta pueda obtener un sentido emancipador. Este precepto en el Reino de la Diferencia, le dio a muchos grupos minoritarios un reconocimiento de sus discursos, demandas e identidades que pareció consolidarse durante un largo periodo de aperturas liberales en el mundo globalizado.

Pero un efecto boomeran este derecho significó la oportunidad para la emergencia de un discurso, demandas e identidades totalmente contrarias y opuestas a esa consolidación. La constitución de este nuevo sujeto político fue a lo que Bolsonaro apeló en el influyente sector evangélico de Brasil. En un claro ataque a esas “amplias minorías” inició una “guerra feroz contra el comunismo”, la denominada “ideología de género” y corrupción del Partido de los Trabajadores.

Como se puede observar a diferencia del Reino del Receptor, que es un espacio de interpretación (hermenéutica) , el de la Diferencia es para Quezada un escenario de la contradicción y la lucha contra el otro.

Ninguno de estos dos reinos y su funcionamiento pueden ser posibles sin analizar “el efecto de la verdad”, o lo que conocemos como posverdad. Para él, la época que vivimos de “pluralización de la verdad” fue clave en la consolidación de Bolsonaro y Trump. Wilber explica sobre esto que hay “una crisis de legitimidad seria y profunda. Una cultura que le miente a sus miembros no puede sobrevivir por mucho tiempo. Y si una cultura “no tiene verdad”, no sabe cuándo está mintiendo y, por lo tanto, miente naturalmente con tanta frecuencia como cuando por accidente dice la verdad.”

Ortega

Daniel Ortega atraviesa una crisis con escenarios irreversibles debido a la masacre de más de 400 nicaragüenses desde abril de este año. En el plano internacional Ortega se podría entender perfectamente con Bolsonaro o Trump de no apoyar a Nicolás Maduro. Estos líderes poseen ideologías y discursos similares: religiosos, nacionalistas, machistas, pero el fascismo que los une, como expone Umberto Eco, “no es una ideología monolítica, sino, más bien, un collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”.

Desde su cuenta en twitter, Quezada resuelve esta paradoja con siguiente mensaje:

“Bolsonaro y Ortega son el cóncavo y convexo de la política latinoamericana. Y Trump, el santo patrono de ambos”.

Según Freddy, en Nicaragua las protestas ciudadanas generaron una revolución “desvanguardizada, pacífica y defensiva” frente a un fascismo tropical con alto control político, social, religioso y cultural por el Estado orteguista.

Sobre las revoluciones los teóricos más relevantes exponen que estas se dan por la conducción de una vanguardia efectiva sobre el proletariado. Para Quezada, con la no vanguardización de las protestas en Nicaragua, se generó un discurso que expresaba únicamente la lucha por recuperar los derechos que el gobierno de Ortega había arrebatado, no un proyecto de futuro “con cantos de sirena”.

En el contexto actual, el triunfo o la derrota de Ortega radica en la capacidad que tenga para negociar con sus enemigos, ahora multiplicados y fortalecidos interna y externamente. Sobre esto Quezada propone tres posibles escenarios: El Catastrófico, El Deseable y El Mixto.

En el primer escenario Ortega se queda hasta el 2021, el país se hunde económicamente, mientras se arregla una salida suave y se impone un “Orteguismo sin Ortega”. (Ésta sería la prueba de que Ortega ha sido el mejor aliado de Estados Unidos).

En el segundo escenario “se van mañana”. La presión cada vez más asfixiante contra el gobierno con la llegada del nuevo embajador estadounidense y la aprobación de la NicaAct se vuelve incontenible por las medidas de los organismos internacionales. Vamos a elecciones sin Ortega.   

El mixto es una suerte de “efecto mariposa”, donde algo mínimo puede desencadenar un cambio trascendental. Ortega regresa al diálogo obligado, se acuartelan las fuerzas armadas y vamos a elecciones anticipadas.

En cualquiera de los tres escenarios la salida del gobierno no será voluntaria, ni pacífica. “No se va a ir fácil, va a patalear”, asegura Freddy en el cierre de la charla.

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