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Tres claves para fomentar el hábito lector

Anteriormente hablé de algunos aspectos para fomentar el hábito lector, relacionado a las prácticas y relaciones familiares. Ahora creí justo (y necesario) compartir lo que desde mi punto de vista complementa el artículo anterior.

  1. Destinar un espacio de la casa a la lectura y a los libros

Los espacios que facilitan la lectura son ventilados e iluminados. Las fuentes naturales de luz son necesarias y generan un mejor ambiente que la luz eléctrica. Un lugar ventilado es una clave importante para generar comodidad y facilitará la concentración.

No hay que apegarse a las ‘posturas’ en las que históricamente nos han obligado a leer. Poner cojines sobre una superficie despejada es una alternativa muy cómoda, principalmente para los niños pequeños.

Los libros deben disponerse de tal manera que sean de fácil acceso. Periódicamente se pueden clasificar por el tipo de categorías que se desee: contenido, tamaño, incluso forma o color. Esta actividad puede resultar entretenida y puede invitar a la re-lectura.

  1. Seleccionar los libros según los intereses y capacidades de la persona

Los libros deben corresponder a los intereses de su lector. Es importante identificar cuáles son los temas recurrentes o las actividades favoritas del niño o la niña y bajo ese criterio seleccionar los libros. De esta manera cubrimos las expectativas del niño lector y hacemos menos probable que abandone la lectura.

Si bien hay libros clasificados por rango de edad (no tanto por el contenido sino por el número de palabras) es importante fomentar el desarrollo de la ‘intuición’ del niño lector. En general es bueno seleccionar libros que no “frustren” (al lector) por ser muy “ambiciosos”, pero también hay que tener olfato y flexibilidad para facilitar lecturas según el deseo del niño. Es importante tener en cuenta que no todos los libros deben gustar al niño y “abandonar” un libro, también es un derecho lector.

Ilustración de Quentin Blake - 'Matilda' (escrita por Roald Dahl)

Ilustración de Quentin Blake – ‘Matilda’ (escrita por Roald Dahl)

  1. Compartir sobre los libros que hemos leído

La infancia es la etapa en la que más fácilmente somos honestos. Difícilmente un niño actuará guiado por lo que se le ordena, pero sí por lo que ve. La mayoría de niños que leen, son lectores porque ven leer a los adultos de su núcleo más cercano.

Es importante establecer diálogos sobre las lecturas que hemos tenido: si nos han gustado (o no) por ejemplo. La lectura no viene solo de lo escrito, la lectura puede ser un vínculo fuerte entre padres e hijos, que se nutre a partir de la palabra pronunciada. Si la lectura se convierte en un vínculo afectivo, habremos dejado en esa persona un mecanismo efectivo para que se nutra para siempre.

Escrito por Lula Mayorga

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