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#ElMelómano: Sobre plagios y robos en la música

Hola amigas y amigos, tenía ya un rato de no escribir para El Melómano, he estado actualizando varios proyectos siempre en la música que me dejan poco espacio para sentarme a escribir.

Y es que para ser un músico de profesión en tiempos de pandemia hay que hacerle de todo, desde organizar tus propios conciertos, producir tu música, hasta estudiar un instrumento, saber de audio, saber de teoría musical, dar clases, trabajar para otros músicos, etc, etc.

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La mayoría de los que nos dedicamos de esto de lleno siempre tenemos varios proyectos que ocupan la mayor parte de nuestro tiempo.

Pero acá estamos, siempre platicando y reflexionando sobre música, llegamos a nuestro Blog número 60.

Empecé esta columna en el 2014 por el simple gusto de escribir sobre música, sin pretender nada a cambio y me he llevado la enorme satisfacción de que amigos músicos y no músicos me llaman, me comentan en eventos o me escriben para decirme lo mucho que les gusta leer el blog, lo cual me llena de enorme satisfacción y alegría.

A veces me da la impresión que nadie lee lo que escribo, así que muchas gracias a todos ustedes por prestarme unos minutos de su valioso tiempo.

Robar para crear

En esta ocasión quiero escribir sobre un tema del que he discutido con amigos pintores, escritores, cineastas y por supuesto músicos: la idea de robar para crear.

Todos hemos fantaseado con alguna obra que nos gusta tanto, una canción, un cuadro, etc., que nos hubiera gustado a nosotros hacer, escribir o componer. Algo así que digás, “maje, no jodás, que buena rola, maldito este maje que la escribió antes que yo”.

A mí me pasa todo el tiempo. Por ejemplo con Something de los Beatles, que se me hace una canción perfecta; hubiera dado lo que fuera por componerla yo.

Y es que ser original es bien difícil, sobre todo habiendo tantas ideas geniales. Existen muchas ideas bonitas para robar. Y si una persona ya tuvo una idea mejor que yo ¿por qué no utilizarla como punto de partida.

Pablo Picasso dijo: “Los buenos artistas copian, los genios roban.”  Igor Stravinsky, el genio compositor ruso dijo “Un buen compositor no imita, roba” y supuestamente todo pareciera remontarse a un dicho popular “El sabio crea, el genio copia y el mediocre imita”.

Un balance necesario

El punto sería llegar a un equilibrio y diferenciar en tomar ideas de otros músicos para llegar a un punto tal vez diferente, tal vez similar, pero sin llegar a caer en el plagio burdo y obvio.

Hace unos meses surgió una polémica con muchas de las canciones de Enrique Bunbury, el cantautor español ex vocalista de los Héroes del Silencio, que copiaba casi textualmente 539 versos de sus rolas con autores que nunca cita:

“Las palabras son como avispas y la calle como un cohete cuando te espero”; “Tengo un ataúd para tus besos y una corona para tu pelo”; “Eres el verano y mil tormentas y el león que sonríe en las ortigas” (La bicicleta del condenado, de Fernando Arrabal).

“Las palabras fueron avispas / y las calles como dunas / cuando aún te espero llegar”; “En un ataúd guardo tu tacto y / una corona / con tu pelo”; “Eras verano y mil tormentas, yo el león que sonríe a las paredes” (La chispa adecuada, de Bunbury, del disco de Héroes del Silencio, Avalancha).

En ejemplos como este la línea entre robar ideas de autores y plagiarlos es extremadamente delgada y difusa. Según uno de los autores de los que Bunbury tomó prestado, el escritor Felipe Benítez Reyes:

“La relación entre sus letras y mis versos creo que queda clara. Todo podría haberse resuelto con una tabla de agradecimientos. Al no haberlo hecho, ocultando así las fuentes, se entra en el terreno del plagio”.

Un robo saludable

Ahora cuando un músico roba licks, progresiones de acordes, frases melódicas o rítmicas, estéticas de producción, la cosa es mucho más confusa y difícil de identificar, por lo que no vale la pena analizar o ponerse a decir quién robó a qué o a quién.

El punto es que todos lo hacemos o al menos lo hemos hecho en algún momento de nuestro proceso creativo, de forma consciente o no. Nuestras influencias siempre se notarán en nuestra creación musical.

Recuerdo que en la universidad, mi profesor de solfeo me decía “si solo escuchas cumbia, todo lo que hagas sonará a cumbia”, esto es obvio en todas las disciplinas artísticas, recordemos que el arte es un lenguaje de tradiciones que se han desarrollado durante siglos, y no es tampoco que vengamos a inventar el agua helada.

De cualquier forma, robar en la música a mi juicio es saludable, siempre y cuando respetemos nuestra propia identidad como artistas, y la obra de otros autores a los que estamos robando. En pocas palabras, si vamos a robar, tenemos que hacerlo bien.


Donaldo Sevilla, conocido por su columna como El Melómano, es fundador del Centro de Estudios Musicales, para más información de los cursos que ofrecen seguilos en sus redes sociales.

Para escuchar más de este y otros temas relacionados con la música escucha su podcast “Matando el Chivo”.

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