834 Vistas

Mi vida en el exilio

LA LLAMARADA

La tarde del 18 de abril de 2018 bebí café y comí revueltas junto a mis amigas. Hablamos de la quema de la reserva, las reformas a la seguridad social y la protesta convocada para esa tarde.

— ¿Vos qué pensás? —preguntaron ellas…

Les dije:

— Yo creo que el INSS es la institución más débil y no sé por qué la siguen manosendo, creo que cuando le tocás la bolsa a los nicas esto no se detendrá y espero que hoy no le hagan nada a la gente como en 2013.

Cuando regresé a mi casa mi Facebook estaba lleno de videos virales y de medios independientes, todos dignos de repudio, pero especialmente a mí me marcó uno: una chavala, menor de 20 años, siendo golpeada por al menos doce hombres que usaban cascos y palos para agredirla. Yo estaba en shock, pero tenía dos opciones: sumarme a las denuncias en las redes o hacerlo desde las calles. Luché desde las calles porque no podía ser indiferente.

Desde ahí las amenazas de muerte, asedio, persecución, denigración, secuestro hacia mí y mi círculo cercano han sido una constante de los serviles de un gobierno que emite discursos vacíos, repetitivos de paz, mientras la única garantía que tuve fue dejar mi casa, para sobrevivir.

***

EL EXILIO

Dos días después de la Operación Limpieza del 15 de julio de 2018, ejecutada por el régimen Ortega- Murillo en la Meseta de los Pueblos, en la que se le dotó a sus seguidores de armas de guerra, para remover las barricadas levantadas por los pobladores de la zona, me invitaron a una reunión de sanación.

Era un espacio tranquilo, pacífico a medias —era 17 de julio y se ejecutaba el ataque funesto al pueblo indígena de Monimbo—, bonito por decirlo menos; había un círculo de mujeres queriendo ayudarse y una vela celeste en el centro. Entré, me impresionó tanta quietud. Tomé asiento a la par de un par de personas que logré reconocer de algún otro espacio.

Cabizbaja, intentaba concentrarme y escuchar a la persona que dirigía el grupo, su voz me daba paz y lloré tanto, que me sentía mal de llegar a perturbar la armonía del grupo. Yo lloraba mientras me agarraba la panza, intentaba respirar para contenerme, expiraba y volvía a llorar. Era la primera vez después de dos días crueles en los que yo me daba permiso de llorar. Ese día recibí el abrazo y el amor de las que ya conocía: “tu dolor es el nuestro”. Tengo la imagen de alguna que me abrazó llorando: “vos sos la de la alerta”. La cosa era que todas teníamos el mismo dolor, pero me dieron el espacio para hacer catarsis.

Tal vez te interese: No hay lugar como el hogar, pero…

Ese día entendí una cosa, yo no podía seguir en el país. Decidí emprender un camino que se mira lejano en pasado, pero conjugado en presente hace sentir que cada minuto que pasa sea incierto. Me daba mucha tristeza porque en unos días sería mi cumpleaños número 26, yo estaría sola, sin nadie que me abrazara y me dijera feliz vuelta al sol. Eran muchas emociones, muchos pensamientos entrecruzados, pero las mujeres una vez más se portaron a la altura. Alguna de ellas, de esas que tratan de practicar la sororidad me compró un pastel, porque “la vida nunca debe dejar de celebrarse”.

Es que estar en el exilio es como tener interiormente una lucha todo el tiempo, en la que querés vivir tu presente, asumirlo con valentía, pero también querés regresar a Nicaragua para abrazar a tu gente. A veces querés trabajar, tenés el ánimo, pero de repente no querés saber nada del mundo, ni de trabajo, ni de la gente que te rodea. Un día querés salir, bailar normalmente, pero pensás en quienes no pueden siquiera decir que son nicas por temor a sufrir xenofobia.

En esos días se llevaron a la Irlanda; fue uno de los momentos que más me impresionó, porque semanas antes tuve la oportunidad de verla de lejos. La recuerdo como una mujer con temple, segura y sin titubeos: la resistencia debía hacerse desde los comercios, también. La detención de Yaritza Rostrán, Victoria Obando, Amaya Coppens y los 20 estudiantes de AUN han sido quizá los arrestos que más me impactaron en aquellos días tan crueles.

El otro día le contaba a una persona muy cercana que en mi primer destino, donde a pesar de tener a un grupo de personas que estaban muy al pendiente de mi bienestar, yo lloraba todos los días durante cinco meses, porque mi sueño de viajar se había convertido en una pesadilla.

Esta persona me dijo incrédula: ¡Qué dramática! ¡Qué exagerada, Bianca! ¿es en serio?

Yo estaba seria y sólo pude decir: Maje, sí.

Recuerdo que una vez este grupo de personas que me abrazó por primera vez, estaban muy enfocadas en brindar una atención integral, por lo que una señora llegaba a darme masajes terapéuticos orientados al reordenamiento energético del cuerpo, yo no sabía hacer más que llorar. Al finalizar la sesión me preguntó si necesitaba algo. Ahora que lo pienso, pobre mujer, ella no sabía quién era yo y por qué lloraba tanto.

La memoria que siempre es necia me trae una de las situaciones que me hizo darme cuenta que en realidad yo tenía unos traumas increíbles, a pesar de que ya llevaba un par de meses fuera: iba caminando extrañamente tranquila, por las calles cercanas al mercado de un pueblito, iba con la mirada hacia abajo, cuando de repente escuché el ruido de un grupo de motos, levanté la vista hacia el frente, las vi venir hacia mí.

Sentí un dolor en el estómago, un nudo en la garganta, me había quedado sin aire y sentí todo el cuerpo helado. Volví a ver a mi alrededor, confundida, porque todo mundo actuaba normal. Entonces reaccioné y me dije a mí misma: tranquila, que ya no estás allá. Con vergüenza lo conté a un par de amistades nicas que había conocido a raíz de mi exilio, ellas me hicieron sentir menos “loca”, porque el asedio y la persecución por grupos de choque y parapoliciales afines al dictador ha sido un patrón en todo el país. 

***

HOY

A casi un año de aquella tarde de abril 2018, estoy aquí, en lo más cercano a una casa, a un hogar, intentando escribir —por cuarta vez en estos meses, las primeras tres no pude hacerlo— sobre lo doloroso que ha sido dejar toda una vida, la inseguridad de abandonar tu carrera, sentirte perdida porque los talentos que te ocupaste por desarrollar no son lo suficientemente buenos para sobrevivir al mundo real, pero hay que rifarse.

Preocupada por el futuro de mi trabajo, por supuesto que sí. Es lo que a una mujer, joven, centroamericana, nicaragüense, comunicadora social, exiliada le preocupa, no porque no piense en la validez de la lucha, sino porque piensa en toda su vida, años de estudio con aruños y pellizcos, porque a los que vivimos en el mundo real sabemos que en Nicaragua el estudio es un como un pujo de parto, tenés la esperanza de la recompensa final, pero duele cada día en que se pasa hambre o no se tiene para las fotocopias. Son años de esfuerzo para alcanzar esa meta. Esa angustia es el exilio.

Hoy, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer a cada persona que me ha abrigado en estos meses, me siento orgullosa de ser nicaragüense y reconocerme centroamericana, porque la región más pobre del continente está sacando los brazos para sostener a Nicaragua, mi Nicaragüita. Si yo en algo fallé pido disculpas a las mujeres centroamericanas y del mundo, que son valientes, valiosas y guerreras, a las que batallaron en el pasado, las que luchamos ahora, las que marchan en nombre de las hermanas nicaragüenses que no pueden hacerlo, porque la dictadura no lo permite.

Desde el exilio abrazo a la Amaya, Yaritza, Victoria, Irlanda, Lucía, María Adilia, a las hermanas Muñoz de la Meseta de los Pueblos, pero especialmente reconozco la resistencia de las y los prisioneros políticos de Diriá: Brenda Muñoz, Cindy Castillo, Johana Espinoza, Rogerio Ortega, César Fernandez, José Castro, Franklin López y Marvin Oporta, porque esta lucha no se acaba hasta que estén completamente liberados.

Yo, resisto aunque mi corazón necesite un abrazo materno, pero no regresaré aún. No lo haré para oxigenar a un gobierno que utiliza la crítica situación de nosotras, las personas exiliadas. No hay garantías mínimas de retorno, tomando en cuenta que el programa emitido unilateralmente por el gobierno deja abierta la posibilidad de abrir expedientes en contra de cualquier persona. Es una burla a nuestra situación, a la pesadilla de abril, a la muerte de cada caído, al encierro de los presos, a cada familia rota por Daniel Ortega y Rosario Murillo, que no dejan de recetar balas y miedo al pueblo que ya no los quiere.

Yo, desde acá, con los dolores y angustias del exilio sigo resistiendo, como una más, entre los 50 mil que caminamos sin rumbo, buscando la patria que nos arrebataron, llorando a Alvarito, Sandor, Franco, Gerald, a todos los asesinados y los que aún no encontramos.

En Nicaragua el 19 de abril de este año no se carga una sola cruz, se cargan más de trescientas cruces, con más de trescientas mujeres que salen al encuentro de sus hijos asesinados por una dictadura sanguinaria y descarada. En Nicaragua este abril se siente triste, lleno de luto, porque se continúa jugando la vida de un pueblo que no se detendrá hasta conseguir el objetivo de la Justica y la Democratización del país.


Bianca Vásquez Obando es comunicadora, feminista y activista de Derechos Humanos. 

Podrías Estar Interesado

José Antonio entre acordes minimalistas y envolventes
La Escena
214 vistas
La Escena
214 vistas

José Antonio entre acordes minimalistas y envolventes

Malva Izquierdo - martes 28 de septiembre, 2021

En Nicaragua la música instrumental no es algo que comúnmente se aprecie o escuche, pero a José Antonio Rivera, siempre le gustaron las melodías sin voces.

El agresivo impacto de la pesca de camarón que nadie te cuenta
Entorno
120 vistas
Entorno
120 vistas

El agresivo impacto de la pesca de camarón que nadie te cuenta

Malva Izquierdo - lunes 16 de agosto, 2021

El ecólogo Fabio Buitrago explica por qué la pesca de camarón, puede desencadenar hambruna y destrucción si no se regula a tiempo.

Biodiversidad de Nicaragua: Una historia de belleza y destrucción
Entorno
226 vistas
Entorno
226 vistas

Biodiversidad de Nicaragua: Una historia de belleza y destrucción

managuafuriosa.com - jueves 22 de julio, 2021

A pesar de ser un país con tanta belleza, la biodiversidad nicaragüense sigue en peligro. Arnulfo Medina, investigador de fauna silvestre, explica por qué.