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Masturbación, el placer en mis dedos

Pero, ¿cómo iba a conseguir un orgasmo si estaba sola? ¿Cómo mis manos podían hacerlo? 

Aunque tenía relaciones sexuales con mi pareja y había explorado tener sexo por teléfono o por Internet, mi placer dependía de terceras personas pues, nunca me había masturbado sola.

Me gusta coger – ¿a quién no?-, me gusta jugar durante el sexo, me gusta la lencería y me gusta imaginar como las personas me desean sin embargo, el tocarme y darme placer provocado y recibido en su totalidad por mí, me asustaba.

Para empezar, la ubicación de mi clítoris era como buscar un arete en la arena y meterme los dedos me causaba temor e incomodidad. Además, tenía miedo de no saber cómo darme placer es decir, era difícil aceptar que aunque luchaba por la aceptación y la exploración de la mujer no era capaz de gozarme-era una especie de derrota feminista-.

Pase años con esa lucha pues, ni me atrevía a nombrarla y menos, a tratar de ganarla hasta que en una noche mis manos bajaron. Era sábado y había ido a una fiesta de casa, de esas fiestas muy buenas porque tenés toda la libertad para hacer cualquier cosa, había bebido y consumido un par de cosas pero todo bajo control.

Al regresar a mi casa,  mientras estaba terminando de disfrutar lo que había consumido esperando el mensaje de mi amiga que ya había llegado, sentí unas ganas indescriptibles de tener esos momentos en los que dejas ser una persona con 5 sentidos para convertirte en un ser enteramente de placer, quería un orgasmo como se quiere el último trozo de pizza en un munchies… Pero, ¿cómo lo iba a conseguir si estaba sola? ¿Cómo mis manos podían hacerlo?

Sin dejar que mis temores se apoderaran de mis ganas y aún sin estar muy clara de lo que iba a hacer, empecé a recordar varios encuentros sexuales. Las imágenes fluían al igual que mis manos por mi cuerpo; pero no era suficiente porque mi deseo era exigente y me pedía más que la imaginación.

Así que, decidí abrir una ventana en incógnito en mi celular y simplemente escribir en el buscador “porno lésbico”. Al instante, tenía una cantidad absurda de opciones y seleccioné la que me parecía más atractiva.

Inició el vídeo y mi cuerpo se fue despertando, bajé mi mano y empecé a tocarme hasta encontrar ese punto tan exquisito que en cuestión de minutos hizo que mi cuerpo se desvaneciera mientras mi mente dejaba de funcionar.

Esa madrugada conseguí mi orgasmo pero más que mi orgasmo, conseguí la libertad de darme placer hasta que mis dedos se gasten.

Con amor,

Tlazolteot

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