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El feminismo en Nicaragua es anterior a la revolución

En el imaginario nicaragüense se piensa que la historia del feminismo en el país inició con la Revolución Sandinista en 1979. Si bien este fue un hito importante que le dio un giro al movimiento de mujeres, es necesario aclarar que dichas organizaciones existen desde mucho antes y que han respondido a distintos periodos de la historia nacional.

El movimiento feminista en Nicaragua comenzó con la militancia y el activismo de mujeres de distintas organizaciones sufragistas en las últimas décadas del siglo XIX y se extendió hasta los años cincuenta cuando el voto femenino fue aprobado en el país en el año 1955.

Josefa Toledo. Foto archivo de LA PRENSA

Durante este periodo la figura de Josefa Toledo de Aguerri fue fundamental, pues encabezó la lucha de esta primera ola de feministas a partir de la demanda de una serie de derechos básicos como lo eran educación, sufragio femenino y trabajo. Toledo de Aguerri fue una educadora de gran prestigio en el país, fue la primera mujer en ocupar el cargo de Dirección General de Instrucción Pública en 1924 y escribió mucho alrededor de la pedagogía y el papel de las mujeres en la sociedad.

A pesar de que Josefa Toledo fue una mujer bastante progresista para su época, ella misma reconocía su feminismo como “conservador” y “práctico” ya que no cuestionaba de manera radical el lugar de las mujeres dentro de la familia y la sociedad nicaragüense.

Movimientos de mujeres durante la dictadura somocista

Con el ascenso de Anastasio Somoza al poder, esta primera generación de feministas sería sustituida por una nueva generación de mujeres que las eliminarían del espacio público y acabarían convirtiéndose en el Ala Femenina del Partido Liberal Nacionalista (PLN). Este grupo de mujeres de la clase media serviría para extender las bases de apoyo del somocismo y se convertiría en un poderoso movimiento de mujeres de derecha y anticomunistas que legitimaban el rol de la mujer dentro de la familia y a través de la maternidad como forma de servicio a la nación.

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Como consecuencia de esta cooptación del movimiento por parte de la dictadura somocista, otras mujeres decidieron organizarse desde su estatuto de madres para reclamar por la muerte o la desaparición de sus hijos, así fue como se originó AMPRONAC (Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional) que el igual que las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, tenían como objetivo encauzar la lucha de las madres por los derechos humanos; luego diversificaron su trabajo que incluía trabajo social en la comunidad, educación y salud pública, tareas de defensa, propaganda entre otras.

Feminismo y revolución

Es en 1977 cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) habla de un “Programa Histórico” que plantea la liberación de la mujer como uno de los principios de la revolución, por ello, AMNPRONAC termina convirtiéndose en una estructura del Frente que tiene por objetivo dar cabida a las mujeres ligadas al sandinismo o simpatizantes del mismo, es decir, ya no solo se trata de una organización de madres de hijos asesinados o desaparecidos durante la dictadura.

Imagen tomada del blog nicaraguainternacionalista2016.wordpress.com

Posterior al triunfo de la Revolución Sandinista, AMNPRONAC cambia su nombre por el de AMLAE (Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza) como homenaje a la primera mujer caída a manos de la Guardia Nacional y militante sandinista. Dicho cambio de nombre deja en claro cuál es el papel que concibe el FSLN al momento de orientar sus políticas de género y la forma en la que entendía la liberación de la mujer.

AMLAE como el Movimiento de Mujeres del partido de gobierno se convirtió en una estructura que al igual que el resto de organizaciones de masas, funcionaba como una forma de integrar a los sectores femeninos mediante su trabajo en diversos comités que tomaban como punto de partida la maternidad y el trabajo de las mujeres para la revolución. El principal problema de esta organización es que poseía nula autonomía en cuanto a los intereses del partido, donde ni una sola mujer formaba parte de la Dirección Nacional y donde no se legisló en ningún momento en materia de reproducción sexual o el derecho al aborto. El papel de las mujeres desde AMLAE se restringía a las funciones de madres y esposas entregadas a la lucha revolucionaria protagonizada por hombres.

Imagen tomada de Todo Colección

Así fue como un sector de AMLAE decidió desvincularse al ver cómo sus demandas feministas no iban a tener cabida en una organización que, por su lealtad partidaria a la revolución, no cuestionaría el orden patriarcal que seguía reproduciendo la propia jerarquía del partido. Esta revisión crítica, junto a la crisis vivida durante los años 80 y la llegada al poder de Violeta Barrios de Chamorro, fragmentaron aún más el movimiento que terminó organizándose de forma independiente en el año 1992 bajo el nombre de Movimiento Autónomo de Mujeres, que tenía por estandarte la conquista de la autonomía frente al Estado y los partidos políticos, para así poder llevar de forma independiente su propia lucha en materia de género, igualdad y derechos reproductivos.

El caso de Zoilamérica

Otro momento de quiebre se produjo en 1998 cuando Zoilamérica Narváez denunció de abuso sexual a su padre adoptivo Daniel Ortega (este corto documental retrata la vida acutal de Zoilamérica), entonces ex presidente de Nicaragua y una de las principales figuras del FSLN. Esta denuncia generó un intenso debate que dividió a la opinión pública y al propio movimiento de mujeres entre las aún conservaban una lealtad partidaria al FSLN y entre quienes consideraron que desde una perspectiva de género debían ubicarse del lado de la víctima.

Zoilamérica en 1998 / Imagen de AP

Desde entonces el Movimiento Feminista se ha visto en una lucha constante por conservar su autonomía frente al Estado y los gobiernos de turno, que no han dejado de aliarse con los sectores más conservadores para restringir los derechos de las mujeres, como sucedió en el año 2006 cuando fue penalizado el aborto terapéutico.

Negar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos fue promesa de campaña política de cinco de los seis partidos que participaron en las elecciones de ese año, muchos de los candidatos presidenciales marcharon junto a la iglesia católica y evangélica en pro de la penalización del aborto. La Asamblea Nacional ni siquiera permitió a las feministas exponer sus puntos de vista en favor del aborto, en cambio, las iglesias tuvieron espacios para hablar sobre el tema.

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En la actualidad las feministas siguen en pie de lucha con el trabajo de denuncia y concientización de los derechos de las mujeres. Son ellas quienes contabilizan y ponen en evidencia los feminicidios que ocurren a lo largo del país, además desde hace muchos años han denunciado la inoperancia del Estado frente a la violencia de género y la profunda corrupción que impera en las distintas instituciones. Como sucedió hace muchos años, las mujeres siguen vinculándose en su labor de denuncia y promoción de derechos humanos en el contexto de una nueva dictadura.

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