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Consumidores de música

Mientras cursaba el segundo año de la Licenciatura en Música Popular en Fermatta (México DF 2003-2008) entré a trabajar a un estudio de grabación por recomendación de uno de los guitarristas de mi banda en ese entonces.

Ahí hacíamos discos de Karaoke que se vendían en todos las tiendas de discos, Sanborns y Wallmart de México y Estados Unidos.

A mí me tocaba básicamente cantar todas las canciones que se grababan en el estudio ya que los discos tenían la modalidad de poner o quitar la voz para las personas que se perdían solamente con la instrumentación.

Suena como un trabajo fácil e incluso mediocre, pero la verdad a mí me sirvió muchísimo para mejorar mi técnica vocal y la verdad no es tan simple como parece.

Canté los más populares géneros que existen en la música popular: Pop, Rock, Salsa, Teatro Musical, Cumbia, Hip Hop, Reggae, Funk y hasta Reguetón y tenía que encontrarle el feeling a cada género. Desde Maná a Julio Iglesias, hasta High School Musical, Calle 13 y Camilo Sesto.

Creo que ni con dos carreras de música hubiera aprendido de la música popular lo que aprendí durante esos cuatro años. Grabé alrededor de 100 discos de los estilos más diversos. Algunos me gustaban, otros los odié.

Al estar en contacto con tantos géneros me di cuenta que muchas personas siguen simplemente modas, pero no necesariamente les gusta el artista que está en pedestal de la popularidad. Son consumidores de lo que ‘triunfa’ en los reflectores y sobre todo en la radio. Consumidores de celebridades, no de la música”.

En general escuchar música en la mayoría de las radios, salvo contadas excepciones, es aburridísimo desde mi punto de vista, pero realmente hay muchísima gente que la escucha.

Las radios que ponen a los artistas de moda de géneros bailables como la bachata o el reguetón usualmente son las más populares.

Y es que no tiene nada de malo que las personas gusten de estos géneros, pero desde mi óptica su función es entretener para pasar un buen rato sin aportar nada verdaderamente trascendente.

Pero hay otro tipo de personas que viven en las mismas ciudades y siguen a otro tipo de artistas y otros géneros.

En el libro ¡Arde la calle! (Reservoir Books Modadori, 2010), Julio Martínez Ríos hace un recuento de las subculturas que cohabitan en la escena urbana: punk, indie, dark, trova, electrónica, cumbia, new age, salsa, metal, emo, pop, reggaetón, hip hop, skaters, etcétera, etcétera.

Nos muestra la filosofía que cada estilo conlleva, además de hacer una reflexión de cada movimiento y definirnos a sus seguidores.

Muchas veces cuando estoy en el transporte público y veo a alguien con audífonos me muero de las ganas de preguntar qué es lo que está escuchando y porqué lo escucha, porqué le gusta, qué es lo que tiene de especial esa banda, cantante, “artista” para que sea digno de acompañarte en tus intervalos de traslado.

Creo que soy del tipo de músico que le intriga mucho ese tipo de cosas, pero casi nunca me atrevo a preguntar. Tal vez esa frase de dime qué escuchas y te diré quién eres no está tan lejos de la realidad.

Si las personas que consumen solamente lo que está de moda cuestionaran sus “gustos”, de la misma forma que cuestionan otras cosas, podrían entender y disfrutar mejor lo que entra por nuestros oídos como música.

En el conocimiento está el disfrute, y si nosotros nos informamos más sobre los diferentes exponentes de todos los géneros (ahora con el Internet no hay excusa), disfrutaremos mucho más la música.

Así empecé a disfrutar el Jazz, leyendo sobre cómo se fue formando y la historia de su desarrollo a través de los años.

Es verdaderamente maravilloso cómo un género del que antes no estaba familiarizado y la verdad no lo entendía tanto, ahora lo disfruto de la misma forma que mis grupos favoritos.

Muchas veces pienso  que muchos de los que siguen a Enrique Iglesias, Pitbull o Prince Royce no son fans de estos “artistas” en sí, son fans de lo que está de moda; y cuando estos dejen de sacar “éxitos” y pasen de moda, ya la gente los desecha.

Quienes nos podemos identificar con la obra de un músico porque siempre que lo retomamos encontramos nuevas cosas, somos los que entendemos que la música es uno de los más grandes puentes de unión entre la personas en cualquier convivencia social.

Hay música buena en todos los géneros, solamente hay buenos y malos exponentes. Pero como todo, esto depende mucho desde el punto que se vea porque pocas cosas son tan subjetivas como esto.

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