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El cadáver exquisito de Rosario Murillo

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Recibí hace unas semanas un llamado para canibalizar a Rosario Murillo. El llamado era una invitación a darle una relectura a su poesía y hacer de ésta un collage; encontrar algunas premoniciones, visiones o una guía que nos ayude a acercarnos a este cruel, ansioso y enigmático personaje que junto a su esposo, han desencadenado una sistemática represión y masacre a su nación.

Me pareció una idea tuani redibujar a Rosario a partir de su propia poesía; visitar de algún modo a esta mujer que siempre se ha ocultado unilateralmente –en comunicados por cadena nacional– ; entonces acá presento una forma de dialogar con ella desde otras letanías, otras polifonías, una suma de ruidos, puñetazos, balas, hechizos; en fin, eso que la literatura suele llamar como cadáver exquisito: una canabalización cultural a su poesía traicionada.  

Esta es una entrevista ficticia que Rosario Murillo me concede desde la cárcel a la que fue confinada tras su derrota de 17 de julio de 2018. Pero la salud mental de Rosario ya no estaba bien para la insurrección, y ahora está peor. En realidad ella está confinada en un psiquiátrico. Ella y Daniel se separaron ese día final. Daniel huyó del país –aún sigue huyendo– en un helicóptero; mientras ella, pretendió quedarse para reforzar la represión, confiada en recuperar el poder, pero ya no pudo. Al salir Daniel, todo su gabinete  se le terminó volteando, ya no pudieron con su OCD. Y así concluyó su reinado.

Esos chavalos se volvieron mi juez…

Me encuentro con ella en una habitación de poca luz, la cama al fondo, hay incienso en el cuarto, acá un espejo y al lado una máquina de escribir, único ítem asignado a la reclusa, porque escaza de salud aún sigue haciendo comunicados; como “loca polea” su memoria es su poesía de cabezas; especie de mensajes en botella que ordena al mar conducir. Rosario ha quedado así, mal, escribe y dicen que no habla todos los días. Pero hoy está de buenas. Le pregunto, me platica:

En esos días de la crisis ¿cómo fue su relación con Daniel? Yo le decía, Daniel, allí vos con tu cara seria y el cuerpo tenso como vela en el viento. Yo le reclamaba, vos, jodido, parecés pared, no decís nada; ni la lluvia ni mi tristeza le tocaban como siempre. Y yo como ahora, pequeñita, remota, como a punto de desaparecer, como si no estuviera. Y así nos mantuvimos sobre un camino de polvo, el sol derramaba nuestras espaldas, yo llevaba alas, pero ya iban apagadas.

La JS fue su órgano represivo y parapolicial, usted los organizó, ¿cómo bajaba las ordenes? En las JS viven todos los secretos del mundo, allí se muestran perfectamente invisibles, y uno no debe nunca tocarlos porque matan. Cuando te hallés vos, Emila Persola, frente a uno de esos chavalos, asegurá tu casa, no ocultes tu temor… Porque aún después de la derrota ahí quedaron para siempre como abejitas; aprendieron a volar como los grandes cárteles. Yo por eso les huyo, tiemblo ante ellos.

Siendo en algún momento usted una defensora de la educación y la cultura; ¿Qué pasó con los estudiantes? ¿Por qué tanto odio?

Me acosaban sus razonamientos sobre el tiempo, eran fragilidad para mis estrellas. Esos chavalos se volvieron mi juez, señores, amos de mis pensamientos, y pueden traicionarte. Si en vez de una madreselva, te ofrecen un fósforo o una multitud de pececitos sin agua, no vayas a darles la mano, sóltalos.

¿Qué consideración tiene ahora hacia ellos?

Yo conozco ahora su poder, por eso nunca les hablo, apenas veo asomarse las pequeñas inevitables miserias de todas sus traiciones, busco mi capa verde, mi alcaraván, mi escudo de malaquita y salgo a ver pasar las sombras y los oropeles donde ya no me alcancen.

¿Cómo va nacer en Rosario eso de los minúsculos?

Los encontré en el horizonte con los dedos, y los dedos marcando soles, bastos, espadas y copas. Me sorprendieron, claro, porque no nos lo explicaba el silencio, ni aparecieron en las retrateras vacías de la casa.

¿Pero a los estudiantes les tuvo miedo?

Dicen esos estudiantes, esos soles que nos intimidan, que nos creen minúsculos accidentes del universo, pero ellos mismos son minúsculos accidentes del universo, que nacen, crecen y deslumbran de galaxia en galaxia.

Yo quería heredar arboles de la vida a mi pueblo…

¿Rosario por qué no le gustan los tranques?

Soy naturalmente inclinada a la tristeza, y como la araña tejedora anticipa el frío y la lluvia; mis antenitas tristes pueden dejar de tejer si presiento que me entrancan las calles, las avenidas, las rotondas, las carreteras.

¿Cómo visualiza hoy al orteguismo, desapareció?

En el cielo hay centellones de estrellitas extintas, que como espectros helados vagan eternamente a través del espacio, su resplandor desvanecido.

¿Qué pretendía con los arboles de la vida?

Traigo como mi madre la manía de la magia, su tarot. Traigo de ella el amor por los misterios; heredé de ella el gusto por las hierbas y las infusiones, la cábala, sus escalas y mapas astrológicos, y como otros heredan alhajas, yo quería heredar arboles de la vida a mi pueblo.

Rosario usted enlutó a un país por 90 días y para siempre; y con mayor saña lo hizo el día que usted estaba celebrando el Día de la Madre en un acto paralelo.

Es que vos vieras lo que pasó un día antes. Anochece y yo me pierdo. Contemplo las calles de Mangua vacías, –no me va venir gente, me decía– antes a esa hora de la noche se veían ya las vigilias del poder ciudadano, esa noche nada. Entonces ahí yo veo todo claro para el día siguiente: veo la lluvia que abandona los paraguas, veo un gentillo horrible que viene para mi casa, y yo me paniqueo; entonces es cuando veo risas que se quedan sin niños, veo una rosa negra ocupando el lugar de la tristeza de las madres, muchas madres con una procesión de querubes desalados, abandonados de sus bucles y llorando donde no puedo verlos.

Causó mucho dolor a Nicaragua…

Yo pongo el amor donde vos poco a poco vas poniendo el corazón, pero no basta, me hacen falta mis colores, mis plantas, mi galletas, mis decorados, la exacta ubicación de cada uno de mis trabajadores. El tiempo nunca ha sido mi fuerza y no sé ahora cómo enfrentar los calendarios sin romperme.

Pero usted mandó a Denis Moncada a dar solo comunicados de locura…

Sí, para qué guardar las compostura? Por qué no romper las apariencias? –Si no engañan a nadie– por qué no hablarle a dios con las manos y la boca sucia, por qué no ponerme yo las botas… todos siempre llegarían a la misma persona, a mí, no a Daniel. Y yo no me estaría preguntando si de verdad son mis o nuestras botas, o cómo pueden estas pretenciosas botas ser mis botas, si aquí estoy yo como siempre perdida. Pero, sí… creo que eran las botas de Daniel.

Tantos árboles de la vida hiriendo corazones…

¿Y su hija Camila, existe?

Ayer vino, hizo soltar las golondrinas, liberó las palomas, encontró a la muchacha que limpia la cajita de magia… La Camilita está reinventándose para su MFW.  Sí, Camila existe, entre otras cosas porque sus nubes y sus campanitas me salvan.

¿Qué escribe ahora?

Ando las horas hechas poemas interminables, y las palabras no alcanzan en mis comunicados. Para contarle al mundo que imagino, que imagino nuevamente a Managua, y las veces que la sueño diferente, la mía, mi Managua, con tantos arboles de la vida hiriendo corazones.

¿Que mi desconcierto su lucidez? Lo entiendo. Pero cómo sobrellevar los días con la vida de un hilo; que cada uno se acomode a su manera.

Con la derrota usted junto a Daniel deciden viajar en helicópteros separados. Un video registra una conversación cuando Daniel se montaba al helicóptero. ¿Se puede saber que dialogaron?

Le recomendaba las hierbas, que no las olvidará en el trajín de una ciudad a otra, que en la bolsa del pantalón le había puesto incienso. Y cigarras. Y algas.  Para que le ayudará a desentrañar los caminos.

Y dígame, en tu Vicepresidencia…

¡Yo no fui Vicepresidenta de nada! ¡Yo fui la Presidenta de Nicaragua para que sepas, mocoso! La dueña de todo un pueblo. Y no sabes cuánto lo recuerdo, cuánto lo amo, cuánto amor el que dejé entre esa gente. Y amo sus ojos cuando no los veo, es decir, cuando los veo solo como eran sus ojos, el de mis hijos, y no como son ahora, que no son mis ojos, tus ojos míos, tus ojos para mí, mis soles abiertos, mis espejos, mis señales de humo, mis escudos, los ojos que yo amé y que me hacen falta porque no los encuentro…


Colaboración de Emila Persola

***Texto canibalizado de la antología bilingüe Angel In The Deluge (1992), de Rosario Murillo.

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