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10 volcanes en 10 días con la Nica de Hierro

Con perseverancia y pasión Luz Elena, alias “La Nica de Hierro”, sigue llenando de orgullo a Nicaragua con sus pies inquietos y su enérgica personalidad.

La última vez que platicamos con Luz, se estaba preparando para los ultramaratones, apenas naciendo en un deporte que se convertiría en su modo de vida.

En el 2015 comenzó el inicio de lo que sería su aventura como corredora, primero con la carrera del 80 km llamada Fuego y Agua en la categoría de supervivencia. Este evento se realiza en las selvas volcánicas de la isla de Ometepe e involucra otras actividades físicas además de correr como escalar, nadar, cargar troncos, cortar árboles, etc.

“Lo que más me gustó es que subí el Volcán Maderas como a las 10 de la noche y cuando llegue a la laguna del cráter, tenía que nadar al otro lado, el agua estaba heladísima, luego debíamos agarrar un tótem y eso significaba que habíamos cumplido el reto”, describe.

Aunque siempre ha sido positiva en situaciones difíciles cuando corre, sí admite que sintió un poco de miedo nadar en la laguna.

“Nunca había nadado en agua abierta, teníamos que correr y después nadar, yo me metí de un solo al agua y al sentir el oleaje y la agitación pegarme en la cara, entré en pánico, entonces me salí, me relaje y volví a entrar”, recuerda.

“Un colega corredor guatemalteco me puso Nica de Hierro porque vio que comencé con 50 km, luego 80 km, después corrí durante 24 horas por primera vez, entonces al ver que yo podía correr distancias largas en tiempos cortos, me decia que yo era de hierro”, explica.

Más carreras cada año

Luz cuenta que hasta ahora ninguna mujer ha terminado la carrera y ese es una meta para sus planes a futuro.

“Eran 18 puestos de control, yo llegué al número 12, estuve activa por 23 horas corriendo, escalando, nadando, pero cuando me senté a comer era tanto el cansancio que me quedé dormida”, confiesa.

Meses después se fue a Costa Rica a correr 80 km en la carrera El Rincón de la Vieja, un evento anual al que Luz ha asistido sin falta desde el 2014 y siempre queda entre segundo y tercer lugar.

“Me gusta mucho porque la logística es buena, los organizadores se preocupan por dar un buen recorrido y brindar seguridad al corredor y la camaradería que se da ahí es bien bonita”, expresa.

Hasta ahora Luz se ha especializado en carreras de 80 km, aunque ha tenido un par en 50 km y 3 o 4 en 100 km.

“Comencé a usar faldas para correr porque este deporte en su mayoría hay hombres. He querido marcar la diferencia y que sea más notorio que también podemos hacerlo, quiero inspirar a otras mujeres porque no soy la única Nica de Hierro sino que todas lo somos” puntualiza.

El 2016 llegó con muchas oportunidades para correr, la más icónica fue Squamish 50-50 en Canadá donde conoció a una de sus corredoras de montaña favoritas, Anna Frost.

Desde el Maderas hasta el Cosigüina 

Luego en el 2017 se propuso comenzar el año con un reto impuesto por ella misma la de subir 10 volcanes en 10 días seguidos.

Y aunque fue dificil y cansado, ha sido una de las experiencias más bellas y gratificantes, “me di cuenta que una puede lograr más de lo que se propone”, agrega.

Luz subió al Maderas, el Concepción, el Mombacho, el Masaya, Momotombo, Volcán El H, Cerro Negro, Telica, San Cristóbal y Cosigüina. Foto cortesía de Luz Elena.

Todo comenzó porque estaba cumpliendo 30 años y para ella eso hay que celebrarlo con algo memorable.

“Se me vino a la mente ir a subir volcanes, me organicé, busqué las rutas, me puse a planear la comida, el transporte y pues eso fue lo más cansado, moverme de un lado a otro, subir, bajar y moverme al otro para subirlo al día siguiente”, afirma.

Luego de este reto Luz Elena es casi una vulcanóloga, sabe de memoria las características de cada uno y se hizo camino en algunos volcanes donde no hay una ruta específica para subir.

Un momento estresante pero a la vez asombroso fue cuando le tocó subir el Volcán Momotombo, pues lo hizo desde el costado sur con ayuda de un guía, quien iba abriendo camino a medida que subían.

“Cada volcán tiene su peculiaridad, hay unos activos otros no, uno es lodoso, árido o arenoso; otro es más bajo, alto o más caliente”, expresa. Foto cortesía Luz Elena.

“Como no hay ruta específica y la parte alta del volcán es arenosa, ya al intentar bajar el camino trazado se había perdido y comenzamos a dar vuelta en círculos, nos quedamos sin agua y ya era de noche”, cuenta.

Así que decidieron dormir en el suelo sin nada más que el cielo como cobija y acunados constantemente por el retumbo del activo volcán.

“Me dio un poco de miedo porque no estaba preparada, pero fue un amanecer espectacular desde ahí y eso me animó”, agrega.

Por otro lado, el Volcán Cosigüina fue al que más le costó llegar: “sentí que me transporté hasta el otro lado del país para poderlo subir y ya iba agotada además porque era el último”, asevera.

“Este 2018 he andado bastante en bicicleta, le di la vuelta a toda la Isla de Ometepe, un total de 94 km. Fue bello porque nunca había pedaleado tanto y pude apreciar los volcanes desde todos sus ángulos. Fue una nueva perspectiva de la isla, y por consiguiente una nueva perspectiva de la vida”. Foto cortesía Luz Elena.

La Patagonia y el frío

En julio del 2017 se propuso correr durante 24 horas continuas en un circuito cerrado para ver cuántos kilómetros hace durante ese tiempo y logró 135 km.

Con tantas carreras e historias sobre varios terrenos es imposible preguntarle si era inquieta de niña, pero sonríe y agrega “no tanto”.

En diciembre de ese mismo año tuvo la última carrera del 2017 en la Patagonia, donde intentó recorrer 100 km en el Volcán Osorno, pero la hipotermia la obligó a desistir a los 30 km.

“Cuando comencé a correr uno está en calor porque está junto a los demás corredores, pero a medida que una va agarrando su ritmo, se separa y siente más el frío”, cuenta.

“En el km 24 de la carrera en la Patagonia comencé a quedarme dormida y unos corredores se quedaron conmigo tratando de despertarme para llegar al puesto de mando más cercano, pues eran signos de hipotermia”, explica.

Cunado ya había entrado en calor tuvo el impulso de seguir pero se enteró que su temperatura corporal bajó 34 grados y supo que lo más prudente era desistir.

“Fue difícil, sobre todo porque una invierte tiempo se queda con la ilusión de terminar la carrera, tengo la idea de volverla a hacer, pero comenzar entrenamiento aquí e irme un par de semanas antes para entrenar allá con esa temperatura y adaptar mi cuerpo”, explica.

Asimismo el sueño de esta nica de hierro imparable es dedicarse por completo al deporte y a la vez fusionar su pasión con una iniciativa de cocina vegana. “He estado experimentando con unos quesos veganos y ha tenido buena aceptación, así que estoy en eso, definiendo a ver qué giro le doy”, finaliza con una sonrisa.

Podés seguir a la Nica de Hierro en su Facebook, Instagram, Twitter o en su blog.

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