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Embarazo adolescente: Nuestra ancla a la pobreza

Valeria salió embarazada por primera vez poco antes de cumplir 15 años. Fue expulsada de su colegio en Tipitapa por ser “una mala influencia para las demás niñas”. Ella forma parte del creciente número de madres adolescentes que comparten con orgullo cada etapa del crecimiento de sus hijos/as en las redes sociales. Hace un par de semanas, con 17 años, Valeria anunciaba su segundo embarazo a través de Facebook, lo que sus amigas y familiares percibían como una buena noticia.

Valeria es solamente una de las decenas de miles de madres adolescentes en nuestro país. Nicaragua tiene la tasa de embarazo adolescente más alta de toda América Latina y una de las más altas del mundo. Lejos de preocuparse, la sociedad nicaragüense tiende a admirar la determinación con que las adolescentes —en muchos casos niñas— “sacan a sus hijos adelante”.

El embarazo adolescente no puede ser entendido a partir de casos individuales o “historias de éxito” aisladas, es una problemática que nos compete a todos y todas como sociedad. A pesar de ser un tema sensible —porque estamos hablando de adolescentes y niñas— debe ser abordado y debatido. A continuación, algunos datos que explican cómo el embarazo adolescente limita el desarrollo económico de Nicaragua.

Nicaragua deja de percibir ingresos

Según un estudio realizado por FUNIDES en el marco de la campaña Lo Que Debe Ser Penoso, Nicaragua deja de percibir 12 millones de dólares al año a causa del embarazo adolescente. De acuerdo con datos presentados en dicho estudio, solamente 1 de cada 10 madres adolescentes continúan sus estudios, lo cual las convierte en uno de los grupos sociales con menor nivel de escolaridad.

La desventaja causada por el abandono de la escuela es clara. Además de tener menos oportunidades laborales en el sector formal, las madres adolescentes tienen que cubrir los gastos derivados de traer una nueva vida al mundo, lo que en muchos casos las convierte —a ellas y sus hijos— en una carga económica para sus familias. Aquí cabe mencionar que solamente 3 de cada 10 padres [de embarazos adolescentes] se hacen cargo emocional y económicamente de sus hijos/as.

La deserción escolar de las adolescentes embarazadas impide el crecimiento de la fuerza laboral calificada en Nicaragua y, a su vez, acrecienta la desigualdad de oportunidades para las mujeres en el mercado laboral. Solamente el 30% de las madres embarazadas trabajan. De este porcentaje, la mayoría se inserta en trabajos informales mal remunerados y sin cobertura de seguridad social.

Aumentan los costos para el sector salud

Hasta aquí la situación ya es alarmante, pero no termina ahí. Además de los 12 millones que Nicaragua deja de percibir a causa del embarazo adolescente, este también incrementa el gasto del sistema nacional de salud y seguridad social.

En 2015 (último año del que se tienen cifras hasta ahora) el sistema nacional de salud gastó 2.9 millones tan solo en maternidad adolescente, sin mencionar otro medio millón gastado en seguridad social y 1.8 millones que las adolescentes y sus familias gastan en atención privada.

De niñas a mamás

Además de los gastos económicos que el embarazo adolescente representa para el país, hay pérdidas a las que no se les puede atribuir un valor monetario. Cuando las embarazadas son menores de 14 años no solo abandonan el colegio u oportunidades laborales, sino que hablamos de niñas que pierden su infancia. Según el mismo estudio, Nicaragua es uno de los países donde han aumentado los embarazos en niñas de entre 10 y 14 años. Según el arto. 195 del Código Penal de Nicaragua “se presume la falta de consentimiento cuando la víctima sea menor de catorce años”, lo que significa que cualquier acto sexual realizado con un(a) menor de catorce años es una violación.

A pesar de tener un creciente número de niñas embarazadas producto de violación, en Nicaragua la posibilidad de interrumpir el embarazo sigue siendo ilegal para estos casos. Esto no contribuye a disminuir el calvario que viven las niñas violadas y, por tanto, dificulta la reducción de las cifras que nos colocan a la cabeza del embarazo adolescente en Latinoamérica. Mientras nuestra legislación no cambie para beneficiar las oportunidades de las niñas y jóvenes nicaragüenses, el embarazo adolescente seguirá siendo la ancla a la pobreza de la que nadie habla.

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